Fabián Medina: El poder envejece mal porque termina desconfiando de todo

Fabián Medina: El poder envejece mal porque termina desconfiando de todo

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Fabián Medina: "El poder envejece mal porque termina desconfiando de todo"

El periodista nicaragüense Fabián Medina no necesita presentación en los círculos del periodismo iberoamericano. Con décadas de trayectoria, ha cubierto conflictos, entrevistado a mandatarios y, sobre todo, ha aprendido a leer el poder desde una perspectiva que pocos pueden ofrecer: la de quien ha visto de cerca cómo el autoritarismo desgasta hasta a quienes lo ejercen.

En una conversación reciente, Medina compartió reflexiones que trascienden la coyuntura política de Nicaragua para hablar de fenómenos universales: la naturaleza del poder, el oficio del periodismo y la condición del exilio.

El poder como enfermedad que corroe la confianza

Fabián Medina en entrevista sobre poder y periodismo

Medina tiene una teoría clara sobre lo que le ocurre a quienes se aferran al poder por demasiado tiempo. "El poder envejece mal porque termina desconfiando de todo", afirmó con la contundencia de quien ha observado el fenómeno una y otra vez.

Para el periodista, el problema no es solo político: es humano. Cuando alguien permanece demasiado tiempo en una posición de autoridad absoluta, el aislamiento se vuelve progresivo. Las voces críticas se silencian, los colaboradores leales se vuelven escasos y la paranoia se instala como compañera de oficina. "Terminas desconfiando hasta de tu propia sombra", añadió Medina, describiendo un mecanismo que ha visto repetirse en distintos regímenes a lo largo de América Latina.

Esta desconfianza generalizada, según su análisis, no es un defecto de carácter sino una consecuencia estructural del poder absoluto. Cuando no existen contrapesos institucionales, el gobernante termina viviendo en una burbuja donde la información que recibe está filtrada por el miedo de quienes lo rodean. El resultado es una distorsión de la realidad que afecta tanto las decisiones públicas como la salud mental de quien gobierna.

Nicaragua, el exilio y la pérdida de la patria

La conversación no podía evitar el tema de Nicaragua. Medina habló del país que dejó atrás con una mezcla de dolor y determinación. "Perder la patria es lo más difícil que le puede pasar a un ser humano", dijo, y en su voz se percibía la carga de quien ha tenido que reconstruir su vida en tierra extraña.

El periodista describió el exilio no como una aventura ni como una elección heroica, sino como una herida que no cicatriza del todo. "Es como llevar una piedra en el zapato que nunca te quitás", comparó, señalando que la distancia geográfica no alivia la nostalgia política ni el compromiso con la realidad que se dejó atrás.

Sin embargo, Medina también destacó una paradoja del exilio: la posibilidad de ver con mayor claridad lo que desde adentro resulta invisible. "Desde afuera se entienden cosas que adentro no se ven", explicó, sugiriendo que la distancia crítica permite comprender mecanismos de poder que el bombardeo cotidiano de la propaganda oculta a quienes viven bajo regímenes autoritarios.

El periodismo como contrapoder y oficio de resistencia

A lo largo de la entrevista, Medina insistió en que el periodismo no es neutralidad pasiva sino un acto de resistencia. "El periodismo es un contrapoder", afirmó rotundo, rechazando la idea de que los periodistas deban limitarse a transcribir discursos oficiales sin contexto ni análisis.

Para él, el oficio consiste en "contar lo que pasa, pero también en explicar por qué pasa". Esta doble función —registro y análisis— es lo que distingue al periodismo de la mera transmisión de información. En contextos de autoritarismo, esta labor se vuelve especialmente peligrosa porque el régimen no teme tanto a los hechos como a su interpretación.

Medina citó a Gabriel García Márquez como una de sus influencias literarias fundamentales, pero también mencionó con admiración a Ryszard Kapuscinski, el periodista polaco que revolucionó la crónica latinoamericana con su estilo literario y su compromiso ético. "Kapuscinski entendió que el periodismo podía ser arte sin dejar de ser verdad", señaló Medina, destacando que la prosa periodística no necesita sacrificar la precisión factual para alcanzar la belleza narrativa.

La lección de Sergio Ramírez y la generación perdida

Un momento emotivo de la conversación llegó cuando Medina evocó a Sergio Ramírez, el escritor nicaragüense que también vivió el exilio y la ruptura con el sandinismo. "Sergio representa una generación que soñó con una revolución distinta", dijo Medina, reconociendo que la decepción política no borra el valor de los ideales originales.

La referencia a Ramírez —quien fue vicepresidente durante el primer gobierno sandinista y luego se convirtió en crítico del régimen de Daniel Ortega— sirvió a Medina para ilustrar una tragedia generacional. Muchos de quienes apostaron por el cambio en los años ochenta terminaron siendo perseguidos por el movimiento que ayudaron a construir. "Es la historia de una revolución que se comió a sus hijos", reflexionó.

Medina también mencionó a Violeta Chamorro como un ejemplo de las complejidades políticas nicaragüenses. Su victoria electoral en 1990, que puso fin al primer gobierno sandinista, representó tanto una transición democrática como una fractura social que el país nunca terminó de sanar.

El peligro de los líderes que no se van

La entrevista concluyó con una advertencia que Medina dirigió no solo a Nicaragua sino a toda América Latina. "El problema no es solo quién gobierna, sino que no se vayan nunca", advirtió, señalando que la reelección indefinida y la concentración del poder son tendencias regionales que deben preocupar a quienes valoran la democracia.

Para Medina, la alternancia en el poder no es un lujo institucional sino una necesidad biológica: los líderes que se eternizan terminan enfermando de poder, y la enfermedad del poder siempre contagia al cuerpo político que gobiernan.

La vigencia de un oficio en peligro

Fabián Medina no se presenta como víctima ni como héroe. Se describe simplemente como un periodista que sigue ejerciendo su oficio a pesar de las circunstancias. Su entrevista no es un llamado a la acción política directa, sino un recordatorio de que el periodismo de calidad —aquél que investiga, contextualiza y cuestiona— sigue siendo uno de los contrapesos más efectivos contra el abuso de poder.

En tiempos donde la desinformación se propaga a velocidad viral y los algoritmos premian la polarización, la reflexión de Medina sobre el poder y su corrupción resulta incómodamente pertinente. No se trata de una teoría abstracta: es el diagnóstico de quien ha visto de cerca cómo el poder absoluto corroe primero la mente del gobernante y luego la vida de los gobernados.

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